De las pantallas líticas a las pantallas holográficas y electrónicas

Diego Andrés Aguilar
Conferencia
10 Nov
10 : 30 AM

La siguiente es una apuesta de conexión entre mis experiencias prácticas como creador en el área de tecnologías artísticas (más concretamente como realizador en artes electrónicas y en holografía), con mis intereses investigativos en el campo de las llamadas arqueologías mediales (con el caso concreto de investigación de las pinturas rupestres en la Serranía de la Lindosa como pantalla), y finalmente del oficio como docente en arte Mediático en la Universidad Nacional de Colombia.

El primer elemento que se pone en juego es el de la creación artística, como un lugar de la experimentación donde se ponen en valor las experiencias afectivas que se conjuran en el momento de trabajar con materias cualquiera que sea su naturaleza y origen. Experimentación que busca transformar unas condiciones iniciales y evidenciar y transmutar las materialidades que entran en el mundo y configuran alteridades nuevas en el espacio social. Es muy sabido desde los oficios y prácticas plásticas, que la relación con la materia, lleva a los cuerpos a estados particulares (Hunter, 2020), que llamamos hoy: el acto de creación, y que ese acto transformativo necesita una práctica constante que permite establecer, torcer y llevar al límite las potencias de tales materialidades. Desde los pigmentos en la pintura, las fibras en la cetrería, la arcilla en la cerámica, el trabajo y la experimentación con dichas materias originales, son necesarias para una posible creación de nuevos mundos.

Aun así, se tiene cierta idea generalizada que quienes trabajamos con las materias electrónicas y tecnológicas, parece más distante esa relación corporal con los medios, y podría sentirse distante el nexo entre los afectos y las materialidades, por la aparente inmaterialidad de lo tecnológico. Sin embargo, esto dista mucho de la acción práctica de quienes trabajan sincera y responsablemente con los medios electrónicos y electromagnéticos. Si bien las fuerzas y movimientos de electrones, fotones y magnetismo son invisibles a los ojos (a esa pulsión escópica que gobierna nuestro mundo contemporáneo), nuestros sentidos y cuerpos son altamente sensibles a los cambios que se producen a estas escalas mínimas de las partículas cuánticas. Nuestras pieles se erizan, los fluidos internos vibran y los corrientazos son muy tangibles.

Diego Andrés Aguilar